EVOLUCIONANDO EN SOCIEDAD Parte II

Cada quien elige una meta, o dos o todas, luchan por una, por otra, triunfan, pierden y siguen adelante. Como dije al principio, cada quien busca lo que le asegure supervivencia. Aunque en la búsqueda, las metas se pierden, se olvidan o se distorsionan. En la lucha por sobrevivir, ya no sabemos si buscar un camino o hacer uno propio.

Volvamos a la pregunta central ¿Qué me asegura la supervivencia y una buena vida? Se cree que cuando se cubren las necesidades básicas: Salud, amor, alimento, protección, paz interna… se alcanza LA FELICIDAD. Entonces lo que necesitamos para vivir bien es simplemente ser felices.

Unos dirán “Hay un Dios y si te portas bien, vivirás en el paraíso y todo será perfecto”. Luchan por esta meta, hacen ceremonias, ritos, estudian libros sagrados y cumplen una serie de normas de convivencia para alcanzar la paz y la felicidad eternas. Algunos psicólogos dicen que todos necesitamos creer en un “padre” que nos cuida, protege y ama, para no sentirnos completamente solos. Otros creen que ayuda a tomar la vida y la muerte de forma más madura, si cada día lo viéramos como una cuenta regresiva que nos acerca al día de nuestra muerte, viviríamos sin límites, a lo loco y seriamos totalmente egoístas. La creencia de un Dios, de un Cielo, de que si no nos rendimos tendremos una recompensa nos da esperanza, otra cosa que todos necesitamos para poder seguir y enfrentar cualquier problema: LA ESPERANZA.

Otros psicólogos dicen que creer en un cielo y un infierno no da un estrés innecesario, que es violentar y traumar a los niños desde pequeños amenazándolos con demonios y sufrimientos eternos. Que nos pone grilletes mentales y nos corta las alas en muchos aspectos.

Al final nadie sabe si la religión hace un bien o un mal. Para muchos es un gran alivio, aunque en nombre de Dios se han hecho las peores masacres de la historia, las peores estafas, se ha atentado con la integridad de las personas, humanos han usado la religión para volverse santos, dioses intocables, intachables, charlatanes, violadores, pedófilos, sádicos… Drácula es un chiste al lado de la Inquisición. Entonces ¿Qué nos da la religión? A unos les da reconocimiento, fama, admiración de otros, gloria, para muchos es una razón y un motor, es una familia, un apoyo y la seguridad de que no estamos perdidos a la deriva. Es una muestra de que aunque todas las demás relaciones, las que se dan entre humanos, son insatisfactorias, tenemos una relación con alguien que no nos falla, que siempre estará ahí, amando de manera perfecta, alguien que nos asegura la salvación, la supervivencia y la buena vida, porque aunque se hable de cielos e infiernos, “el amor todo lo perdona” y el amor perfecto es Dios.

Pero como las religiones son un asco y los religiosos son peor… la gente busca algo más que le de seguridad. Algo que da seguridad es el poder. El saberse intocable, el sentirse arriba de los demás. El poder es adictivo y como todos los vicios están ligados, el poder está relacionado con el dinero. Muchos dicen que entre más dinero, más poder. El poder permite saltar sobre los demás, permite que nadie se meta en nuestro camino, quien tiene poder es temido, quien es temido es a veces respetado, aunque eso no asegura que se es querido o admirado (o miss universo, porque mi hija agripada un domingo por la mañana es más bonita). Para ser admirado hay que hacer cosas buenas y el poder común y corriente difícilmente se obtiene haciendo el bien.

El poder nunca es suficiente, son arenas movedizas, no se puede dejar de la noche a la mañana porque es un medio para facilitarnos la vida. El poder nos despega de la tierra, es muy fácil perderse de la realidad cuando se tiene. Una vez despegados, creemos que ese poder estará ahí para siempre, que nos lo merecemos, que nadie nos superará. Se nos olvida que es efímero, que siempre habrá alguien más arriba, (y alguien más abajo deseando subir), que el gran poder de uno siempre será más débil que el poder de las masas.

El poder no llega solo, el poder lo da alguien, que sacará un beneficio de ello, claro está, pero al final nos da poder y eso nos deja “endeudados”, por lo tanto, quien nos da el poder, de un momento a otro, nos lo puede quitar. Quien ya tiene el poder, está dispuesto a hacer lo que sea con tal de no perderlo. Nada da más miedo que haber hecho uso y abuso del poder y después perderlo, quedando expuesto a los rencores sembrados.

Lo mismo pasa con la fama. La fama es caprichosa, pero todos la anhelan con la esperanza de no ser olvidados nunca, osea, de no morir nunca. La fama es caprichosa… un golpe de suerte y subes hasta la luna y de la noche a la mañana caes en el olvido. Muchos en su afán de no ser olvidados han caído en las peores bajezas y ridiculeces, mientras otros buscan un momento de privacidad, que nadie juzgue que hacen o como lo hacen. En fin, los de abajo quieren subir y los de arriba quieren bajar.

Hay muchas formas de vivir eternamente, se puede reencarnar, como donador de órganos o viviendo la vida de los hijos. Muchos padres tienen sueños que se han visto frustrados y cuando sienten que les será imposible lograrlos algún día, se obsesionan con que su descendencia lo logre y al final terminan exigiéndole a sus hijos metas casi inalcanzables y si no lo logran parecería el fin del mundo (aunque el padre no pudo hacerlo en primer lugar). Los hijos cargan con la responsabilidad de no defraudar a sus padres o terminan sintiéndose asfixiados y huyendo.

Así los padres piden que sus hijos continúen con su negocio, su carrera, su religión, su cultura, sus “valores” y que todavía esto pase de generación en generación, por los siglos de los siglos. El resultado es que ahora seguimos viviendo bajo leyes escritas hace cientos o miles de años, que ya no se pueden adaptar más a los tiempos modernos por que ya son obsoletas.

Un ejemplo de esto es que la cultura nos dice que debemos luchar y superarnos cada día, tener éxitos sobresalientes “para llegar a ser alguien en la vida” (¿esto significa que quien no sobresale se convierte en un “nadie”?).  Hay una mujer, que no recuerdo su nombre, que dice que esta actitud daña a las personas más de lo que nos imaginamos. Todo empieza en el kínder, donde asisten nuestros hijos con sus cerebros de esponjita absorbiendo conocimientos y los maestros los ponen a jugar y siempre dicen “Que gane el mejor, solo uno va a ganar y TODOS los demás serán perdedores, solo ganará el más ágil, el más rápido o el más inteligente, los que sean inferiores en cualidades perderán”. Entonces el grupo de 20 niños juega, uno gana y 19 pierden. Uno mejora su autoestima sintiéndose con cualidades únicas y 19 son emocionalmente dañados con la idea de que son perdedores y que hay gente por encima de ellos. Ella dice que esta cultura debe cambiar y estoy de acuerdo.

Todos hemos crecido en esta cultura de “competitividad”, lo cual supuestamente nos impulsa a ser mejores y a superarnos cada día, pero como en los juegos del kínder, nos encontramos con personas frustradas, que han luchado y luchado y a pesar de todo, siempre han sido superados por alguien o no han alcanzado las metas que esperaban –no han cubierto las expectativas de la sociedad- Esto ha llevado a las personas a la depresión, los suicidios, las adicciones, la venganza y a dañar a otras personas inocentes. Incluso hay personas que llenan estos vacios intentando ganar concursillos, rifas, loterías etc.

Entonces yo me pregunto ¿Estamos realmente obligados a “sobresalir”? Porque si yo quiero estudiar medicina solo porque me gusta, el mundo ya espera que encuentre la cura al cáncer ¿Y si no lo logro? El mundo me criticará ¿Por qué? Porque en el mundo hay gente que desea curarse de cáncer. Entonces ¿El mundo quiere que yo sea feliz por mis logros o que yo logre algo que les será útil y por lo tanto –utilizarme-? Y lo que espera el mundo es que yo, en vez de disfrutar mi vida, me mate estudiando y trabajando para encontrar la cura al cáncer y salvar otras vidas a costa de la mía… ???

Muchos desean sobre salir para obtener reconocimiento, admiración, fama, dinero… pero volvemos al mismo tema de antes: Entre la ambición por ganar dinero para vivir bien, dejamos de vivir y nos volvemos esclavos. Entre esta “competitividad” nos encontramos con personas que opacan nuestros logros, que los subestiman, que los desconocen o que los destruyen para resaltar los propios. Vemos en peligro el puesto que con tanto trabajo hemos ganado y entramos en esas crisis existenciales donde dudamos si realmente hemos tenido éxito.

A todo esto ¿Qué es realmente el éxito? ¿Se alcanza alguna vez? A través de la historia nos encontramos con artistas, intelectuales, famosos y grandes empresarios que han “sobresalido” que aparentemente lo tiene todo, que han dominado ciertas áreas y que al final, se suicidan, se entregan a los vicios, abandonan todo, se dejan hundir, se vuelven locos o encuentran su vida llena de vacios. Por otro lado, encontramos personas felices, plenas y realizadas, personas que no tienen grandes logros, que no son el centro de la atención, pero que tiene la facilidad para disfrutar cada cosa de la vida. Entonces la felicidad ¿Es algo que se gana o es una habilidad que ya se posee?

Es un hecho que la felicidad, venga de donde venga, se puede perder de un momento a otro y también se puede recuperar de forma inesperada. Si gastamos la vida buscando la felicidad en una persona u objeto, pues nunca lo alcanzaremos. Si esperamos que la felicidad esté en llenar las expectativas de los demás, tampoco la alcanzaremos. Si creemos que al cubrir las características de ciertos prototipos, la vida no será disfrutable, porque no seremos libres…

Quizás esa sea la palabra mágica: LIBERTAD. ¿Para qué sirve tener salud, dinero o amor si no tenemos libertad? ¿Qué se puede disfrutar sin libertad?

 Al final, la vida siempre es una eterna lucha, de uno contra todo y contra todos.  

Todos hemos dicho alguna vez “De algo me he de morir” pero ¿De qué?¿Cuando?¿Cómo?¿Que pasará después?¿La gente llorará o hará una fiesta?¿Me extrañarán?¿Me necesitarán?¿Y si tengo un propósito y no lo cumplo y termino como fantasma?¿Que pasará con mi alma?¿Y si no hay vida después de la muerte y no aproveché mi vida?¿y si me preocupo demasiado?¿Y si me estoy preocupando menos de lo que debería?¿Y si no estoy obligado a sobresalir? Si ya se que no soy monedita de oro ¿Por qué preocuparme por tener la admiración del mundo? ¿Y si todas esas dudas solo son cadenas que nos cortan las alas? Quizás cada quien se niega la libertad a sí mismo. Quizás quien no disfruta de libertad, se la quita a los demás para que no la disfruten tampoco.

Un ejemplo muy claro es Frida Kahlo. En París se encontró con unas mujeres “de la alta sociedad” que se burlaron de sus cejas, se reían y la veían como “salvajita” por no haberse depilado.  Entonces ella pintó un cuadro de sus cejas y escribió algo así: “Lo que veo en mi frente es lo que hay en mi cerebro, en mi mente y por lo tanto en mi corazón. En este momento, en mi frente veo unas cejas, negras, largas, abundantes, como las alas de un ave en pleno vuelo. Veo que mi mente tiene alas, eso quiere decir que mi mente (y por lo tanto mi corazón) es libre. Si he logrado ser libre ¿Para qué voy a cortarme estas alas depilándome?¿Para obtener el agrado de mujeres con la mente (y el corazón) depilada, presa, encadenada o ya muerta? Eso nunca!”

Esta es toda la información que tengo por el momento. Hoy, aquí y en mi propia situación, he llegado a esta conclusión: Para asegurar mi bienestar, el de mi descendencia, el de mi especie y de los seres vivos en general… debo mantenerme libre. Libre ante los peligros de la vida, de vivir en sociedad, de mis propios miedos. Como también dirijo mi propia evolución, la encaminaré a mi prioridad. Buscaré mi libertad y la libertad de los demás con la esperanza de que eso nos hará felices. Clasificaré cada cosa que me encuentre en el camino como algo que apoya o que frena mi libertad y en base a ello decidiré si lo acepto en mi vida o no.  En el camino veré si esto es lo que me lleva a la felicidad o si tengo que rediseñar la estrategia. Por el momento creo que todos tenemos la libertad de poder cambiar de camino en  el momento que sea necesario.

Asi quizás nos vayamos separando en nuevas especies de acuerdo al camino evolutivo que hemos elegido… Algunos lucharán por tener dinero, poder y fama y harán su propio grupo alejado de los demás. Otros lucharan por ser saludables, longevos y vivir cerca de la naturaleza. Las diferencias entre hippies, intelectuales y ermitaños serán cada vez más claras.

Yo seguiré a mi propio grupo, el que defienda la libertad y los derechos, el que esté dispuesto a pagar el precio de rebelarse a los dogmas y prototipos. Yo buscaré vivir entre humanos, iguales y sin necesidad de dominar o destruir al que tiene al lado. Buscaré convivir con las personas que apoyen mi libertad. El ser libre significa ser independiente y el ser independiente significa ser autosuficiente. Como dijo alguien “Soy libre porque hago lo que quiero, estoy con quien quiero, me dedico a lo que quiero, como, visto y hablo como quiero y por lo tanto amo todo lo que hago”.

Por cierto, he aquí un interesante análisis sobre como la evolución del homo sapiens (del hombre pensante) se ha estancado e incluso retrocedido con el nacimiento de la televisión y la cultura del espectáculo para convertirse en el homo videns y una sociedad “teledirigida”: http://dialogue.adventist.org/articles/11_3_pereyra_s.htm

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