DOLOR Y ARTE: FRIDA KAHLO

 

DOLOR Y ARTE: FRIDA KAHLO

Transgresora, valiente, feroz, herida, desafiante…

 

   Frida Kahlo nació en una familia chapada a la antigua, extremadamente conservadora. De niña fue criada por una india que “olía a tortillas y a jabón” que no hablaba mucho pero solía cantar canciones. Tenia un profundo amor y admiración a su padre. En cambio, a su madre la definía como fría, calculadora y fanaticamente religiosa.

   A los seis años sufrió un ataque de poliomelitis que afectó una de sus piernas, sufriendo la burla de la gente. Ingresó a la Escuela Nacional Preparatoria con la intención de encausar sus estudios hacia la Medicina.

Dibujo del accidente. La composición de la imagen se asimila a la pintura de exvotos. Varias personas yacen muertas en torno al vehículo accidentado. Frida, sobreviviente, emperifollada en vendas, es socorrida y yace sobre una camilla de la Cruz Roja.    A los 16 años sufrió un terrible accidente cuando el autobús en que viajaba fue arrollado por un tren. “…La tarde del 17 de septiembre, alegre como de costumbre, feliz por estar en compañía de Alejandro, mi novio y primer amor, subí a un camión, aquéllos de madera barnizada. El tranvía no iba rápido, pero no pudo frenar. Alejandro quedó debajo del tranvía; se levantó como pudo y me buscó. Yo yacía sobre lo que quedaba de la plataforma del camión, desnuda, cubierta de sangre y de oro. No sentía, ni veía, no pensaba más que recuperar mis cosas, dicen que Alejandro gritó: ¡Pero si tiene algo en la espalda! El sin perder ni un instante su sangre fría, en un movimiento violento y rápido, me arrancó del cuerpo el enorme trozo de hierro que me atravesaba de lado a lado…”

El diagnóstico: fracturas y lesiones severas, peritonitis aguda. Una de las barras de hierro del tranvía atraviezó a Frida de un lado a otro, a la altura de la pelvis. Ella dice: “a mí el pasamanos me atravezó como la espada a un toro. Perdí la virginidad con el pasamanos! y estando en compañíade Alejandro”. Sexo y muerte se entrelazan.

   Esto divide su vida en un antes y después. Se rompe la cubierta imaginaria, las cosas quedando al desnudo en un mundo desprovisto de sentido.

   Aqui le escribe a Alejandro:

   “¿Por qué estudias tanto? ¿Qué secreto buscas? La vida pronto te lo revelará. Yo ya lo sé todo, sin leer ni escribir. Hace poco, tal vez unos cuantos días era una niña que andaba en un mundo de colores, de formas precisas y tangibles. Todo era misterioso y algo se ocultaba; la adivinación de su naturaleza constituía un juego para mí. ¡Si supieras lo terrible que es alcanzar el conocimiento de repente, como si un rayo dilucidara la Tierra! Ahora habito un planeta doloroso, transparente como el hielo. Es como si hubiera aprendido todo al mismo tiempo, en cosa de segundos. Mis amigas y mis compañeras se convirtieron lentamente en mujeres. Yo envejecí en algunos instantes y ahora todo es insípido y raso. Sé que no hay nada detrás, si lo hubiera lo vería…”

 

   La niña alegre y travieza se volvió introvertida. Creando la fantasía de una amiga imaginaria, de la cual habla en su diario explicando el origen del autorretrato doble: “Las dos Fridas”:

   “Experimento intensamente una amistad imaginaria con una pequeña niña, más o menos de la misma edad que yo… con el dedo dibujaba una “puerta”. Por esa puerta salía en la imaginación con gran alegría y urgencia. Atravezaba todo el llano que se miraba, hasta llegar a una lechería que se llamaba “PINZON”… Por la “o” de PINZON entraba y bajaba impetuosamente al interior de la tierra, donde mi amiga imaginaria me esperaba siempre. No recuerdo su imagen ni su color. Pero sí sé que era alegre, se reía mucho, sin sonidos. Era ágil y bailaba como si no tuviera peso alguno. Yo la seguía en todos sus movimientos y le contaba, mientras ella bailaba, mis problemas secretos. ¿Cuáles?. No recuerdo. Pero eramos felices.”

Comenzó a pintar durante su convalecencia; el trauma físico y mental de ese acontecimiento lo padeció durante toda su vida y muchas veces lo reflejó en sus pinturas. “Desde niña, yo le tenía echado el ojo a la caja de colores. No sabría explicar el por qué. Al estar tanto tiempo en cama, enferma, aproveché la ocasión y se la pedí a mi padre. Como un niño, a quien se le quita un juguete para dárselo a un hermano enfermo, me la “prestó”. Pero le dolió jaja. Mi mamá mandó a hacer un caballete… si así se le puede llamar a un aparato especial que podía acoplarse a la cama donde yo estaba, porque el corset de yeso no me dejaba sentar. Así comencé a pintar mi primer cuadro. Creí tener energía suficiente para hacer cualquier cosa en lugar de estudiar para doctora. Sin prestar mucha atención empezé a pintar”. 

   A causa de sus sentimientos y de un cuerpo destrozado, pintó más su propia imagen combinada con expresiones a veces brutales. En su obra hay una dualidad entre las fuerzas deprimentes y las hermosas de la tierra, el sexo y la gran ternura maternal que nunca conoció, uno de sus temas favoritos y persistentes fue la obsesión de un hijo.

   Pintándose a sí misma pintó sobre la mujer, el dolor, la soledad, sobre México, siendo “la más mexicana de los mexicanos”. Su pintura se manejó primero en la corriente realista, despues a consecuencia del accidente pintó cosas extrañas, surrealismo. Este accidente fue muy trágico, pero esto no fue obstáculo para ser fuerte y valerse por si misma. Ante la más atroz de las crueldades, reacciona con ironía y con un sorprendente sentido del humor, nacido del sufrimiento mismo. Se dispone al ritual de la vestimenta y del arreglo personal, una trabajosa ceremonia que le permite ocultar su cuerpo quebrado.

 

Mediante infinidad de autorretratos quiso expresarse, manifestar sus diferentes sus etapas, demostrar que su rostro puede ser capaz de ocultar la destrucción. Sus pinturas, denotan su rebeldía. Quiere mofarse del mundo y solamente logra mostrar su frustración con marcada angustia.  

 

Frida dijo haber tenido dos accidentes graves en su vida, el choque del tranvía y encontrarse con Diego Rivera, el genial muralista mexicano con quien se casó, se divorció, vivió, se separó y se volvió a casar.

 

Ser la mujer de Diego fue un motor en la vida de Frida. Diego fue su hombre, su niño, su amante, su amigo, su obsesión, su todo. Relación pasional, el choque de dos titanes en la misma casa, el consuelo de dos huerfanos en la misma cama.

“Autorretrato con Aeroplano” maneja elementos mexicanistas, sobresaliendo los que presentan en la frente una ventana o figura que simboliza sus pensamientos, colocados a modo de tercer ojo.

“En Mi Primera Nana y Yo” aparece representada Frida con cara de adulta pero con cuerpo de infante, amamantada por una poderosa nodriza que tiene por rostro una máscara prehispánica. No hay contacto a nivel de la mirada, los ojos de Frida miran adultos y profundos hacia adelante. La nana se vuelve la encarnación mítica de las raíces mexicanas, grande, morena, nutriente, emparentada a la tierra, pero también amenazadora, enigmática con su rostro-máscara de piedra de Teotihuacan, ojos vacíos y fijos.

Frida realizó un viaje a Nueva York, marcado por el inicio de una serie de tormentosos amoríos que le hicieron renunciar a su pasión por Diego Rivera. En 1940 se divorcia de Diego Rivera, en esta etapa, da lo mejor de sus pinturas y presenta una de sus obras cumbres: “Las dos Fridas”, el desdoblamiento más notable de su personalidad. En ese mismo año regresa a México para participar en la primera exposición de Artes Surrealista organizada en la Galería de Arte Mexicano.

Diego Rivera dijo a Picasso después de mirar detenidamente una obra de Frida: “Mira estos ojos: ni tú ni yo somos capaces de nada así, es la primera vez en la historia del arte que una mujer ha expresado con franqueza absoluta, descarnada y, podríamos decir, tranquilamente feroz, aquellos hechos generales y particulares que conciernen exclusivamente a la mujer. Particularmente sangrientos, chocantes, por que son después de un aborto. Se razga el velo y emerge lo siniestro que acecha particularmente en la obra de Frida. Lo sangriento, lo sacrificial que se hunde en la tradición azteca aparece en el cuadro.

Frida: “Mi pintura lleva dentro el mensaje del dolor… La pintura me completó la vida. Perdí tres hijos… Todo eso lo sustituyó la pintura. Yo creo que el trabajo es lo mejor”.

En 1941 contrae nuevas nupcias con el mismo Diego Rivera; Funda la Escuela de Artes Plásticas “La Esmeralda”, donde daba clases de pintura doce horas al día para evadir su realidad. En este año pinta más de 100 cuadros en los que mezcla la sensualidad y lo sarcástico.

En los últimos años de su vida, Frida se dispone a volcar sus impresiones en papel y nace así su “Diario: Autorretrato íntimo”, super oculto y privado. Sin respetar las reglas de puntuación, donde muestra una clara y permanente confrontación con el mundo exterior que la rodea y tortura. Uno de sus poemas dice así:

“La Vida callada…

dadora de mundos.

Venados heridos

Ropas de tehuana

Rayos, penas, Soles

ritmos escondidos

“La niña Mariana”

frutos ya muy vivos,

la muerte se aleja,

líneas, formas, nidos,

las manos construyen

los ojos abiertos

los Diegos sentidos

lágrimas enteras

todas son muy claras

Cósmicas verdades

que viven sin ruidos

Arbol de la Esperanza

mantente firme.”

En 1953, un año antes de su muerte, Lola Alvárez Bravo organiza en su Galería de Arte Contemporáneo la primera exposición exclusiva sobre Frida en México. Faltando muy poco para la inauguración, su salud empeoró de forma tal que los médicos le prohibieron ir. Frida hizo llevar su cama de cuatro columnas, enorme, con el esqueleto de Judas suspendido en la parte inferior del dosel y ese último día reacomodaron los cuadros para darle un lugar en la exposición. LLegó en ambulancia en medio del sonar de las sirenas y trasladada a su cama, lujosamente ataviada con ropas mexicanas recibió y saludó a cada uno de sus amigos, cantó y bebió. Seguramente había recibido una importante cantidad de drogas para poder participar. Todos los pintores lisiados de México estuvieron presentes saludando a Frida, María Izquierdo llegó sostenida por amigos y familiares, porque era inválida. Se inclinó para besar a Frida en la frente. Goitia, enfermo y fantasmal, surgió de su choza en Xochimilco con su ropa de campesino y larga barba, del mismo modo como Rodríguez Lozano, quien estaba loco. Estuvo presente el Doctor Atl. Tenía ochenta años, una barba blanca y muletas, pues una de sus piernas había sido amputada poco tiempo antes. No obstante, no se veía melancólico. Se agachó sobre la cama de Frida, riéndose bulliciosamente de algun chiste pronunciado frente a la muerte. El y Frida se burlaron del pie inexistente del pintor y dijo a la gente que no lo consideraran con compasión, pues le volvería a salir otro, mejor que el anterior. Afirmó que la muerte sólo existe si uno deja de imbuirle un poco de vida. Fue como un desfile de monstruos, como Goya, o más bien como el mundo precolombino con su sangre, mutilaciones y sacrificios.

La salud de Frida la obligó a impartir clases de pintura en su propia casa, donde los alumnos circulaban libremente mientras ella les estimulaba a pintar lo que veían. Frida tenía cada vez menos esperanzas, su tabla de salvación: el alcohol y la pintura. Los médicos diagnosticaron una embolia pulmonar, cuando el amanecer del 13 de julio de 1954, la encontraron muerta en su cama. La última frase de su diario, abruptamente interrumpida por su muerte, dice: “Espero alegre la salida y espero no volver jamás.” Refiriendose a su salida del hospital, coincide con el punto final de su Diario y con el fin de sus días.

Frida Kahlo es una de las mejores pintoras de todos los tiempos, que México ha dado. Su vida fue de tragedias; por otro lado sus pinturas fueron muy emotivas. Su esposo también sufrió con ella su destino, aunque él volvió a casarse y logró concebir familia. Frida Kahlo es y seguirá siendo un ejemplo a seguir para todos.

 

 

SUS PINTURAS:

Uno de los autorretratos es particularmente inquietante, El Tocado de Yalalteca se ha transformado aquí en un mundo complejo que inclusive parece flamear. El collar prehispánico más parece una cadena esclavizante que una joya y las formas vegetales que cubren el busto terminan en puntas agresivas tendidas hacia ella amenazando su integridad.

“El Autorretrato” se centra en Diego y la muerte, ésta aparece representada en forma de calavera con canillas. “El autorretrato con monos”, guardando un cierto parecido con ella misma y asumiendo actitudes afectuosas.

 

Columna Rota: Una columna jónica, rota en varios lugares sustituye su columna, equilibrio y armonía, se quiebra. El placer armónico es vulnerado por la presencia desproporcionada del dolor.  Un corsé la sostiene recortándose sobre la desnudez de sus pechos, comprimiendo el cuerpo herido y la radical soledad es retomada en el suelo agrietado, los clavos lastiman su cuerpo en un sufrimiento infinito al modo de un mártir cristiano: La erecta postura del sufrimiento. En su diario escribe: “La esperanza, conteniendo la angustia; la columna rota y la visión inmensa, sin caminar, por la extensa senda… moviendo mi vida, hecha de acero”.

La venadita: Demuestra sus cuerpo como una venadita indefensa, blanco de las flechas que la hieren, como simbolo de las tantas infidelidades de Diego. Lo animal es también vehículo expresivo de un aguzado sufrimiento corporal. El venado soporta un ramillete de crueles y punzantes saetas que se hunden en su cuerpo. El sufrimiento del animal violentado se trasmuta luego en medio expresivo del padecimiento de la propia artista al mostrarse como rostro del animal, y sus astas emergiendo de los costados de su cabeza.

El árbol de la esperanza. Escribió que era “el resultado de la jija operación”. El día y la noche, bajo la luna Frida vestida con un traje rojo de tehuana, un corsé en la mano como un trofeo y otro que apenas asoma, sostiene una bandera con la incripción que le dá nombre a la obra y que provenía de una canción. La otra mitad del cuadro bajo un sol ardiente es una mujer acostada en una camilla de hospital con dos heridas abiertas, con la misma forma de las “cicatrizotas” que le habían quedado a Frida después de la intervención. El sol en la tradición azteca se alimenta de sangre humana. En una de las típicas mitades de sus imágenes binarias, bajo la vehemencia solar, ámbito de lo masculino se muestra su cuerpo vejado, lacerado, tras una última operación, sobre una camilla de hospital; en la otra mitad, bajo la semipenumbra lunar, una Frida integra, sentada, vestida a la usanza indígena, sostiene un corsé ortopédico, y exhibe un cartel aclaratorio con la mención del árbol de la esperanza, la firme espera de un nuevo y amable tiempo de disipación de su tortura física.

Lo que el agua me dio. Aquí coexisten en un espacio común distintos objetos que, en la vida “real”, no cohabitan en la cercanía. Cuerpos humanos, un volcán y un edificio, plantas, un pájaro reclinado sobre la copa de un árbol. Sin embargo, la conocida avidez de Kahlo por el coleccionismo de diversos objetos naturales, puede explicar la imagen, junto a la intuición, de entonación mítico ancestral de lo líquido como medio fértil que nutre la diversidad de la naturaleza.

Niña tehuana . La niña, el centro, luce vestida con atuendo tradicional. Sentada sobre la dureza ancestral de la roca sostiene un avión de juguete, forma de unión de lo arcaico y lo moderno. La imagen se compene según la típica organización binaria sol-luna que emplea Frida, y que es subrayada por la remisión a los templos precolombinos dedicados a las deidades de la luz solar y lunar que se muestran en el horizonte.

La Novia que se Espanta de Ver la Vida Abierta

El abrazo de Amor del Universo  y  la Tierra, Diego, yo y el Sr. Xolotl

Autorretrato con collar de espinas. Aquí, el sufrimiento se impregna de simbolismo cristiano. La corona de espinas de la pasión crística se enlaza con la acción sufriente del collar que oprime y desangra. Un mono tironea de las espinas, un gato se encrespa y un pájaro muerto cuelga del collar de la artista. Lo animal es expresión de la salvaje crueldad que mutila, hiere y desgarra.


Diego en mi Pensamiento

En varios autorretratos, Frida se pinta vestida de trajes típicos mexicanos, que le cubren el cabello y el cuerp completamente, dejando ver solo su rostro, uniendo el traje de monja de Sor Juana Inés de la Cruz y las raíces mexicanas de La Malinche, mujeres que Frida admiraba profundamente. Incluso varias de sus cartas a amigos las firmaba bajo el seudonimo de La Malinche o Sor Frida de la Cruz.

Pensando en la muerte

Moisés o “Núcleo solar”. Símbolos místicos arcaicos y referentes históricos de clara intencionalidad política se engarzan en el espacio pictórico. En el centro superior, el Sol y su potencia fertilizante impregnan de sacralidad al niño Moisés que espera su futuro nacimiento y la consumación de su destino como niño arrojado a las aguas. Lo fértil solar se combina con las gotas blancas, asemejando la leche materna, que expresa la fuerza fertilizante de lo lunar y femenino. En el plano superior, a ambos lados de la efervescente vitalidad del sol, se arraciman imágenes de deidades paganas y cristianas. Lo celeste se diferencia del mundo humano por el límite de la muerte señalado por dos esqueletos. En el plano inferior, en un costado, se distribuyen personalidades históricas asociados a los ideales revolucionarios: Marx, Gandhi, Trosky, e incluso un faraón y un Buda. Y también se distingue a Freud. La obra de hecho nació luego de la lectura de Frida del texto freudiano Moisés el hombre y la religión monoteísta. En el otro extremo se acomodan personajes históricos como Julio César, Napoleón, Lutero, se despliegan bajo un sabio hindú con su típico tercer ojo y Cristo con su corona de espinas. La composición de la imagen, con un claro plano celeste y otro terrestre, y el centro como zona de concentrada claridad que fluye entre la dimensión celeste y humana.

Sin Esperanza. La grata esperanza del alivio del dolor en El árbol de la esperanza se disuelve, en el vaivén de lo esperanzador, hacia la amargura deprimente donde Frida, en su cama de convalecencia, contempla, resignada, sobre su cuerpo, una monstruosa entidad que vierte sobre sus labios la fatalidad de la muerte. La escena se sitúa, como muchas obras de la artista mexicana, en un ámbito desértico, con la división binaria sol-luna como trasfondo.

“… from the invisible inside, where I could neither see nor want the very thing that I have always been scared to have revealed on the scanner, by analysis – radiology, echography, endocrinology, hematology – a crural vein expelled my blood outside that I thought beautiful once stored in that bottle under a label that I doubted could avoid confusion or misappropriation of the vintage, leaving me nothing more to do, the inside of my life exhibiting itself outside, expressing itself before my eyes, absolved without a gesture, dare I say of writing if I compare the pen to a syringe, and I always dream of a pen that would be a syringe, a suction point rather than that very hard weapon with which one must inscribe, incise, choose, calculate, take ink before filtering the inscribable, playing the keyboard on the screen, whereas here, once the vein has been found, no more toil, no responsibility, no risk of bad taste or violence, the blood delivers itself all alone, the inside gives itself up and you can do as you like with it, it’s me but I’m no longer there, for nothing, for nobody, diagnose the worst…”

“My painting carries with it the message of pain … Painting completed my life … I believe that work is the best thing.” 

“I never lost my spirit. I always spent my time painting.”

   “I paint my own reality. The only thing I know is that I paint because I need to, and I paint whatever passes through my head without any other consideration.”

 

 

 

 

 

 

 

 

 

Detalle de Sueño de una tarde dominical en la Alameda Central (1947), mural de Diego Rivera. A la izquierda de la mujer esquelética  Frida sostiene el símbolo del taoísmo, símbolo de la integración y superación de los opuestos.  

 

 

2 Responses to “DOLOR Y ARTE: FRIDA KAHLO”

  1. Gaptek…

    […]DOLOR Y ARTE: FRIDA KAHLO « Un Espejo Para Mi Alma[…]…

  2. Thank goodness some bloggers can still write. Thank you for this piece!!

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