¿ SABES QUIEN ES ?

 



 

   

¿ SABES  QUIEN  ES ?

Cuando conocí por la primera vez a la vida que empezaba en mi cuerpo, experimenté una transformación a todos los niveles de mi propia persona: tanto al plan físico como síquico. En efecto, desde este momento me sentí una verdadera mujer, o sea una mujer realizada.

No puedo darme un nombre porque no represento a una única mujer sino a todas las mujeres en un momento particular en su vida: cuando está embarazada.


Soy una mujer corriente con la que todas las mujeres pueden identificarse, porque no se puede ver mi cara al no estar en plena luz.

Se me puede imaginar como una mujer ejemplar porque me preparo a dar a luz y eso es como un sueño para todas las mujeres en su vida. En efecto dar a luz permite transmitir una parte de sí misma. Además, el niño simboliza el fruto del amor entre los padres y ante todo es el resultado concreto de este sentimiento. A continuación se puede considerar como un sueño porque de todo tiempo en nuestra sociedad, dar a luz ha aparecido como una realización suficiente. Desde la infancia aunque no sabe hablar, ni realmente quien es, la niña ya se preocupa de un bebé jugando con una muñeca.

También, soy una mujer ejemplar porque si no existiera, podríamos decir que los humanos desaparecerían. Lo que me interesa es tratar de cambiar los prejuicios de los hombres y afirmar mis derechos, porque los hombres siempre tuvieron la costumbre de ignorar la importancia de las mujeres que dan la vida.

Lo que me gusta, es sentir la vida en mi interior profundo, de modo que no quiero imaginar que un día deberé separarme de mi media parte, que sea de fuerza o no. Durante nueve meses, este niño y yo formamos una única persona. Por lo tanto, tejemos vínculos de una intensidad increible tanto a nivel físico (con la sangre y porque vive en mi vientre) como a nivel sicológico porque siente todo lo que siento y todo lo que vivo diariamente.

 

ROSA PARKS

Siempre quise ser libre, disfrutar de la vida, ser independiente, pero este sueño no puede realizarse, en la sociedad que vivo es imposible.

Una mañana tuve que tomar el autobús pero cuando entré ya no quedaba ningún sitio en la parte reservada a los negros, en el fondo del autobús. Pues me senté con los blancos y cuando un blanco me pidió que me fuera al fondo, me negué a obedecer. El conductor, llamó a la policía, amenazándome. Así fui arrestada.

Siempre quise (y aquel día todavía más) mejorar mis condiciones de vida y las de los otros negros (mis hermanos de color) porque estaba harta de sufrir de la discriminación, como si no fuera un ser humano, una menos que nada… Solía soportar la presión de lo cotidiano por eso aquel día luché, no bajé la espalda, estaba determinada más que nunca… Soñaba con la libertad, la igualdad y los mismos derechos tanto para los negros como para los blancos. Estaba determinada a defender mi causa.

Cuatro días después de mi arrestación, fui liberada… y seguí luchando contra el racismo, los menosprecios y la discriminación.

 

INGRID BETANCOURT

Nunca pasé tanta vergüenza como aquel día, el 23 de febrero de 2002, cuando fui raptada por las FARC.

Todo empezó cuando decidí presentarme a las elecciones presidenciales de 2002 en Colombia. Llevaba mucho tiempo luchando por la democracia, la libertad y la paz del país y los derechos colombianos para poder mejorar las condiciones de vida de los campesinos. Si pasaba el tiempo luchando por ellos, era porque Colombia era y sigue siendo el país más corrupto de América Latina y también era la tradición familiar, ya que mi padre era embajador de la Unesco.

Para regresar a aquel día de vergüenza, al volver a mi casa después de una jornada de preparación a las elecciones, me encontré frente a unos hombres armados, con un pañuelo rojo, amarillo y azul sobre el brazo. Entendí que había caído en una trampa de las FARC… Me tomaron de fuerza y me condujeron con ellos en un sitio desconocido. Mis ojos estaban tapados, por consiguiente me sentí sola, perdida sin saber que  hacer ni cómo reaccionar. Entendí que era su rehén. Tuve vergüenza de los acontecimientos. Además no me atreví a chillar por miedo y dudas de sus reacciones. A pesar de la desesperanza de la situación actual, récuperé mi valor y mi derterminación para afrontar el peligro. ¡Tenía que guardar y mantener la llama de la esperanza…!

 

SIMONE VEIL

Mi vida cambió totalmente el día en que aprendí que estaba embarazada. No estaba casada y era demasiado joven, además, en la primera mitad del siglo XX, mi situación no estaba bien vista. Por eso, fue un período muy difícil de mi vida; tenía dos posibilidades: guardar el niño, pero pensaba que estaría muy duro cuidar sola de él y también soportar las miradas despreciativas de la gente. Sin embargo, una amiga conocía una mujer que ayudaba las chicas en mi caso, abortándolas ilegalmente porque era prohibido.

Las condiciones del aborto estaban muy malas: no había ninguna higiene, ni siquiera anestesia. Yo sabía que ponía mi vida en riesgo pero prefería sufrir yo misma en ese momento que durante toda mi vida. Decidí abortarme y este momento fue una verdadera toma de conciencia. En efecto, me parecía insoportable saber que muchas mujeres tenían que hacer eso. No entendía porque no estaba legal. Las cosas debían cambiar y me dije que yo haría el combate para los derechos de las mujeres para hacer evolucionar las mentalidades.

Empecé mi lucha comprometiéndome en política en un ámbito de hombres donde las mujeres no estaban muy consideradas.

En 1975, logré crear una ley que permitía a las mujeres abortar en total legalidad y en buenas condiciones. Fue una lucha contra las tradiciones y la iglesia.
Ahora, esta práctica está en la norma para la mayoría de la población, pero tenemos que seguir vigilantes para proteger este derecho de los extremistas.

 

LADY DIANA

Lo que más me gusta en la vida es el contacto con los seres humanos.

Yo me siento muy próxima de los miembros de mi familia y sobre todo de mis dos hijos, William y Harry. Esos niños representan toda mi vida y es gracias a ellos que me quedo encerrada en la familia real. Al principio de mi amor con el príncipe Carlos, la vida me parecía muy sencilla y maravillosa, pero, a lo largo de los años, las cosas han cambiado. En efecto, desde el momento cuando quise expresar mis ideologías, mis sueños y mis voluntades y que quise estar libre y disfrutar de la vida, toda la familia real me ha rechazado. La Reina Isabel IIa se niega a mi independiencia porque no quiere que sea una mujer común, popular, a quien le gusta ayudar a la gente. Y para mí, el hecho de ser famosa no es mi verdadero objetivo en la vida, porque a mí me apetecen las cosas sencillas y sobre todo el anonimato.

Al fin y al cabo, yo me siento próxima de mis hijos, por eso, quisiera transmitirles mis valores y mis principios a fin de que nos sean encerrados en ese mundo de la nobleza y de la pérdida de identidad.

Además, lo que me gusta también, en la vida es la lucha contra la pobreza, la miseria y las desigualdades sociales. En efecto, me siento muy comprometida por el respeto de los derechos humanos para que el mundo sea lleno de paz, de amor y de igualdad. A mí me gustan los viajes para dar un poco de mi tiempo y de mi ternura a la gente que está en la necesidad como si fuera una verdadera madre por el mundo.

También, lo que me interesa mucho es descubrir las diversas culturas del planeta y las diferentes ideologías y modos de vida.

En resumidas cuentas, aunque sea una princesa, lo que odio es el éxito no merecido de los miembros de la familia real.

 

ROSA PARKS

De niña, tenía vergüenza de mis orígenes, porque en aquella época, los negros estaban desconsiderados. Además, siempre oí a mis padres hablar de mis abuelos como esclavos, humanos sin derechos, explotados por los blancos. Entendí rápidamente que, en la sociedad, los negros y los blancos no eran iguales: porque los blancos tenían el dinero y el poder mientras que mis padres sobrevivieron durante toda su vida. Trabajaron mucho por finalmente un sueldo flaco.
Aunque era una niña muy pequeña y débil, pronto tuve que trabajar en las explotaciones para ayudar a mi familia. No tuve una verdadera niñez como la de los niños blancos. No fui a la escuela o sea que no conocí la amistad, la inocencia, sino las responsabilidades, el malestar físico y moral.

Al crecer me di cuenta de que mi condición dependía de leyes que tenían la meta de excluirnos. Esta revelación me dio mucho coraje. Por eso decidí reaccionar contra la segregación en mi país. Tenía una única solución: provocar directamente a la sociedad para que tomara consciencia de la injusticia cotidiana que vivimos.

Empecé verdaderamente la lucha, un día de mayo al sentarme en un sitio de autobús reservado a los blancos.
Toda mi vida fue un compromiso por el reconocimiento de los negros como ciudadanos, como la de Martin Luther King con quien luché.

 

SIMONE DE BEAUVOIR

Empecé a trabajar en el Partido Comunista cuando encontré al filósofo Jean-Paul Sartre. Mis opiniones políticas de izquierda me condujeron a comprometerme políticamente por la causa femenina. Precursora del movimiento feminista, sigo luchando para que las mujeres sean consideradas iquales a los hombre, para que tengan los mismos derechos. También pienso que una causa de mi compromiso fue el hecho de que tuve que enfrentarme a los prejuicios de mi clase social para hacer una carrera. En efecto, nací en una familia burguesa parisiense, al principio del siglo veinte, que trató de impedirme obtener una cátedra de filosofía. Pero hoy en día, soy una mujer de letras admirada tanto por mis novelas, como Les Mandarins, mis memorias, como Mémoires d’une jeune fille rangée o como por mis obras feministas, como Le deuxième sexe.

Entonces soy una figura emblemática de los intelectuales de los años cincuenta, respetada tanto por mi compromiso como por mis obras. Espero tener una influencia en la posteridad, como ejemplo ideológico de lucha para la emancipación femenina. Sueño con ver cada vez más gente animándose por esta causa. Pienso que va a volverse una lucha mayor del siglo.

 

NORA CORTIÑAS

Acababa de casarme, tenía apenas cumplidos los 20 años. Era joven, feliz, inocente, inconsciente. Mi vida era simple, tranquila, sin peligro. La política era la menor de mis preocupaciones. Yo y mi marido soñábamos con niños y una vida llena de alegría. Mis hijos eran el tesoro de mi vida y he vivido momentos maravillosos con ellos.

Estaba lejos de dudarme de lo que iba a pasar algunos años después. ¿Quién pudiera pensar que la dictadura iba a destrozar nuestra felicidad? Qué yo, Nora Cortiñas, argentina ordinaria, me iba a encontrar entre las madres de la plaza de Mayo, luchando para que el gobierno nos devolviera nuestros hijos raptados. Qué toda mi vida iba a luchar por los derechos humanos, por la verdad, la justicia, y contra todas las formas de violencia (física y moral) y contra la dictadura de mi país. Lo que me interesa es testimoniar de mi experiencia y del sufrimiento que produjo la dictadura, porque nadie debe olvidar lo que ha pasado para que nunca se repita.

Ahora, mi papel es ayudar a la gente que ha perdido su verdadera identidad y los que están todavía desaparecidos como mi hijo.

 

  

 

 

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